martes, 20 de marzo de 2007

Sylvia Ji


Y ya lo ves, estoy hablando de ti otra vez, sé que no se puede, que es imposible, pero no importa, me gusta inventar. Nada importa si total, hundimos la cabeza entre tus senos y chupamos tu pelo como si fuera apio.


Y vemos nuestras caras retratadas allí donde sabes que está la palabra felicidad escrita de la forma más desconocida.


Nos empujaba hasta el borde de la cama. Descolgaba las piernas y nosotros, apoyados sobre la pared, nos tirábamos de cabeza por el único camino que había en el mundo. Y nos dijo que se iba a ir, y la vieja Carmen que tocaba a la puerta, para que le apuraramos. Pero nosotros jamás saldremos.



Angelitos empantanados, Andrés Caicedo


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